Javier de María Ortiz en Alcoy (2008)

El pasado 12 de julio tuvimos nuestra segunda cita anual en Alcoy, con el maestro Javier de María Ortiz.

Si para los que lo conocemos desde hace ya algunos años, resultan siempre muy gratificantes y aleccionadores sus cursos, para aquellos compañeros más nuevos que lo conocen menos, les resultó además sorprendente su trato afable y cordial, sus clases tan claras, y la total disposición que ofrece en cada sesión.

En este último curso, que cerraba nuestra programación anual, el maestro Javier de María vino con el ánimo plenamente abierto, de manera que se brindó a que planteáramos nosotros las dudas, para posteriormente y a partir de nuestros intereses desarrollar él las dos sesiones de mañana y tarde.


Bastó pues, que al principio de la jornada se plantearan un par de dudas, para que, porque no decirlo, por arte de magia Javier de María estructurara las horas siguientes como si las llevara perfectamente programadas, lo que da clara cuenta de su maestría.

A partir de las cuestiones de cómo desarrollar el trabajo de centro, y qué hacer para que en el momento que nos unimos con uke, en la práctica de shomenuchi iriminage, no sintamos que chocamos con él o le molestamos, desarrolló las clases como un todo continuo armonizando los dos temas planteados.

Inició el trabajo desde la siempre muy interesante práctica de bokken: trabajo postural, trabajo de centro, las sensaciones, encadenamientos de movimientos, y diferentes trabajos por parejas, de manera que sin darnos cuenta, conforme avanzaba la clase, fue diseñando las pautas que guiarían el posterior desarrollo de nuestro shomenuchi iriminage. Al trabajo de bokken le siguió el trabajo sin armas, pero sin abandonar las propuestas iniciadas, aplicando todo lo que hasta el momento habíamos visto, de manera que de forma natural se fueron disipando las dudas. La sensación personal fue la de ser guiado casi sin percibirlo, por lo que espontáneamente, las ideas surgían y se aclaraban conforme las horas iban pasando. Eso sí, otra cosa más difícil, es que nuestra comprensión y nuestra práctica se desenvuelvan paralelamente y al mismo nivel.

Otra cuestión que se desarrolló a lo largo del día, fue la de la sinceridad, la sinceridad en nuestro trabajo como uke o como tori, sin la cual resulta difícil la evolución personal.

Acabamos la sesión de la tarde con unos masajes, y unos ejercicios respiratorios, lo cual fue muy de agradecer porque el calor apretaba.

No hubo descansos en las dos sesiones de tres horas cada una (de 10 h. a 13 h. y de 16 h. a 19 h.), lo que está bien porque así pudimos aprovechar más el tiempo. Y por supuesto, como siempre, compartimos y disfrutamos la comida con el maestro Javier de María, al que ya estamos deseando volver a ver pronto por Alcoy.


Muchas gracias Javier.