Manjirón ó la razón de la práctica

El fin de semana pasado se ha celebrado un curso de Aikido en un albergue en el pueblo de Manjirón (Madrid) que ha resultado ser el mayor cúmulo de razones en formato comprimido que se me pueden ocurrir para practicar aikido.

Durante un par de días hemos convivido en el mejor entorno que se me ocurre una veintena larga de personas de toda condición y experiencia, compartiendo nuestro más preciado bien, el tiempo, de forma gustosa y productiva.

Me consta que cursos de aikido hay miles al año, y que difícilmente un aikidoca se lo pasa mal en ellos, pero lo de este fin de semana ha sido, desde mi punto de vista, una experiencia modelo. Un poco de historia, para los que no estén al tanto.

Originalmente el curso de verano que había de celebrarse en Granada, como reedición de el del año pasado de Ador, no pudo cerrarse finalmente por falta de inscripciones. En dichas condiciones, la "dama de hierro" del aikido (Manoli no me mires así, que yo también me he asustado ;-) en uno de sus despliegues de iniciativa y mejor sentido común dice que no tenemos porqué conformarnos y que sí a Ricardo y a Javier les parece bien, podemos organizar un curso de fin de semana en la Sierra de Madrid para que no nos quedemos como niño sin cumpleaños.

¡¡ Dicho y hecho !! La maquinaria de colaboración del grupo se pone en marcha, empezando por Manoli y terminando por el último de los que acudimos al curso. Se habla con la gente, se busca el lugar, las fechas, se concreta la disponibilidad de Ricardo y de Javier, se consigue el tatami y el transporte (gracias Club de Aikido de Paracuellos) y se logra que en menos de un mes haya un número suficiente de inscripciones para que el asunto tenga aspecto de salir adelante.

Finalmente obtenemos el resultado deseado: un fin de semana de aikido genial.

A pesar de los chirridos de las camas, de los ronquidos, del fresquito nocturno y las raciones de comida para alevines hemos pasado un rato de lujo. Ha habido de todo: clases nocturnas de aikido que se han hecho cortísimas, yoga y estiramientos a primera hora de la mañana con el más querido de los maestros tamaño "compacto", clases de armas en el prado con recuerdos verdes en los keikogis de regalo, lo mejor de lo mejor venido de Alicante para enseñarnos que se puede ser eficaz, contundente y didáctico sin perder el humor ni la amabilidad propia del hombre sabio y, como colofón, un excelente trabajo de quien nos viene dando de comer al espíritu desde hace tantos años, Ricardo.

Pero si esto parece que no puede llegar a más, dejadme insertar un último comentario. Lo mejor de todo, mucho más valioso que todo lo anterior, lo que aportaron las personas que acudieron. De ellos se consiguió el bien más valioso que se le puede pedir a una persona: su "ai" y su "aiki". Cada persona que fué allí dedicó su tiempo, su esfuerzo, su trabajo dentro y fuera del tatami a los demás, y todo por una sencilla razón: porque quiso. ¿hay algo más grande?

En mi opinión no, no hay nada más grande... y luego vete a explicar a los turistas porque haces aikido...

Sergio Torres Prieto [sergiotorres71@yahoo.es]
http://aikidokisul.blogspot.com/