Serra d’Ador, Agosto del 2005

Cuando se confirmó que tendría lugar un curso de Aikido de una semana de duración en Ador (Valencia), el cuál iba a ser impartido en su mayor parte por Ricardo Ledesma, todos los que tenemos la suerte de conocer el sistema de trabajo de Ricardo sabíamos que aquello iba a ser poco menos que un "master" de Aikido.  Si además, semejante acontecimiento tiene lugar en un paraje natural de indiscutible belleza y paralelamente a las clases de Ricardo se organizan actividades complementarias y atractivas, las dudas sobre asistir o no se disipan por completo. Las carreras de obstáculos personales e intransferibles que se emprenden a partir de ese momento para estar en Ador la 1ª semana de Agosto son tan variadas como asistentes hubieron al curso y no sería mala idea recopilarlas en un álbum  como ejemplo de lo que somos capaces de hacer cuando algo nos interesa  realmente.

Sin embargo, a medida que se acercaba la fecha este plan perfecto se ve vapuleado por una serie de circunstancias de variada gravedad. Juan Manuel Giner, que en un  principio  iba a impartir las clases de Iaido y de caligrafía japonesa no podrá acudir al curso y para colmo una desafortunada rotura de brazo a raíz de un accidente doméstico impedirán a Javier de María no solo dar las clases de estiramientos e iniciación al masaje sino incluso su presencia en Ador.

Pero no acaban ahí los imprevistos, a última hora se nos informa de que no podemos acceder a las instalaciones del albergue el domingo por la tarde como muchos de nosotros teníamos pensado y por consiguiente no se podía tampoco colocar el tatami hasta el día siguiente.

No penséis que todo esto que os acabo de contar echó por tierra el curso, nada más lejos de la realidad. El lunes, después eso sí, de superar un pequeño "shock" al descubrir que las cabañas para diez personas tenían una distribución y equipamientos algo diferente a como las habíamos imaginado, empezamos a montar el tatami y ya todo empezó a tomar forma. Hasta hubo tiempo de piscina antes de la llegada de Ricardo y de que por fin se iniciara el curso.

A partir de ahí fueron desarrollándose las cosas de tal manera que cada inconveniente se convertía instantáneamente en una anécdota divertida, desde la ruidosa presencia de los grupos de  scouts en el comedor que amenizaban las comidas con su irremediable "ñam ñam bon profit" que al final coreábamos todos, hasta la socorrida ensalada de tres ingredientes que se servía como primer plato, pasando por el reseco pero no por ello perdonado bocadillo de la merienda y la puntualidad inglesa que exigían las personas encargadas del albergue. ¡Vamos que el que no disfruta de las cosas es porque es un raro !

Ironías aparte, este curso ha sido mucho más que un "master de Aikido" como se adivinaba a priori, personalmente para mi ha representado la diferencia entre "practicar Aikido y vivir Aikido" y para vivir Aikido no es tan importante el lugar ni las condiciones donde se está sino la gente con la que se está y en ese aspecto este curso iba "sobrao". En un futuro se podrán mejorar algunas cosas (instalaciones, comidas, servicios) pero la amistad, la cordialidad y cortesía de la gente, la ilusión, las ganas de aprender y de participar sacando lo mejor de la situación y el entusiasmo en aportar cada uno su grano de arena dudo mucho que se pueda mejorar, porque lo que sí nos ha quedado muy claro en este curso es que cuando hay dificultades para hacer algo, se saca el boken imaginario y... ¡ ya está!, asunto resuelto y los bokenes imaginarios son baratos el que no tiene uno es por que no quiere.

Por eso para ser justos hay que reconocer que  este curso ha tenido lugar gracias  (y cito por orden de aparición o casi):

A Estrella y Bruno porque llegaron los primeros.

A Francisco por madrugar tanto el lunes.

A Miguel por tomar las riendas de las relaciones "Albergue- Grupo de Tahichí" (vosotros ya me entendéis) y por su innovador y original trabajo que nos ayudó a superar la "clase nocturna"

A Eva por su agradable compañía y por el apoyo logístico que nos prestó. Y a su hermano por transportar el Tatami.

A Ariadna y Miquel por hacernos disfrutar tanto de los ratos de piscina.

A José Antonio por acudir a pesar de un muy reciente problema de salud y además hacer de reportero grafico.

A Andrés por enterarse de  esta movida por internet y llegar andando ¡desde Ador!

A Tino por sus relajantes clases de yoga y masajes y a Charo por ayudarnos a aprovechar mejor las indicaciones para los citados masajes.

A Marisa por su simpatía y su colaboración y por presentarnos a su encantadora familia.

A Richi por celebrar su cumpleaños con nosotros.

A Ricardo por su entusiasmo, ilusión y su participación  prácticamente a jornada completa en el curso. (Si llega a dar más horas nos obligan a darle de alta con contrato)

A Oscar por su jovialidad y dinamismo que también supo transmitirnos en su clase.

A Arturo por sus interesantes preguntas que nos ayudaron a comprender como realizar una buena respiración.

A Dani y Manoli por el estoicismo demostrado en esas consecutivas noches sin dormir debido a la música ambiental.

A Jose Luis, Oscar* y Dani* por convertir su cabaña en el centro social del grupo, organizando interesante veladas de tertulias culturales y una entrañable fiesta de despedida. (* este Oscar y este Dani son otros diferentes a los nombrados con anterioridad)

A Andrés* (este también es otro Andrés) por enseñarnos a jugar para aprender aikido.

A Hebert (no se si es con B o con V) por encargarse de aprovisionarnos de artículos de primera necesidad. Y a su mujer Alba y su hija Noelia por pasar con nosotros el domingo.

A Andrea, simplemente por ser Andrea.

A Fillipa por compartir los ratos de los que disponía esa semana (y a su familia por venir a vernos)

A Nacho por  ser tan endemoniadamente bueno haciendo Aikido aunque más de uno nos mordamos los labios de rabia y a su mujer Enar por compartir con nosotros el viernes.

A Pablo por aceptar el reto de darnos la clase el jueves consiguiendo que después de las "maniobras nocturnas del miércoles" no se durmiera nadie.

A Niño y Amalia por compartir sus vacaciones con nosotros acudiendo todas las mañanas al curso y traernos a ese bomboncito de hija que tienen.

A Sergio por esa forma especial  de plantear el trabajo que no se muy bien si definirlo como desafío o como  entrenamiento psicológico.

A Roberto por coger el coche nada más terminar de trabajar y tirar pa’ Gandía.

A Bruno por la clase del sábado por la tarde que no por inesperada dejó de ser interesante e instructiva. (Inesperada para él que no sabía que tenía que dar la clase)

A Jose por venir y por ayudar a Bruno (los hermanos están para eso).

A David y Sergio* (otro Sergio, estaba claro) por sacar tiempo entre juerga y juerga para acudir.

Y como no, a Javier de Maria y Juan Manuel Giner a los que hemos echado muchísimo de menos y cuyo trabajo y esfuerzo han sido decisivos para que este curso  haya tenido lugar.

Se que me he enrollado mucho, pero era inevitable. Al fin de cuentas este curso ha sido "una primera vez" y estaréis de acuerdo conmigo que las "primeras veces" tienen un encanto especial. Pero lo realmente bueno de una primera vez es que luego haya ocasión de repetir.

Un beso y feliz verano a todos.

Nos vemos en la próxima

Sari